Guías para la auto-observación sonora.

Guías para la auto-observación sonora. Elegí escribir a partir de los elementos para poder pensar al sonido desde diferentes cualidades, con la intención de que sea posible leerlo tanto lineal como no linealmente. Flew García.
Quisiera comenzar este capítulo con un par de preguntas. Si el fuego ante todo representa la chispa de la vida, lo que motiva e impulsa a dar los pasos que damos en nuestra vida, ¿qué te hace mover? Cuando te decidís a emprender algo, ¿qué te mueve a hacerlo? Algunos personajes históricos como Beethoven o Zappa podrían ayudarnos de referencia a pensar cómo hacían para tener el fuego interno despierto, el fuego individual que conquista y va por todo cuando se propone algo. El espíritu guerrero. De eso trata el siguiente capítulo. Muchas son las dudas cuando pensamos demasiado sobre qué camino/s tomar. ¿Será mejor estudiar música en un conservatorio o de manera particular? ¿O mejor estudiar tecnicatura en sonido? Quizá no estudiar o sí también. En todo caso el espíritu del primer fuego nos hace lanzarnos a la vida, torpes, sin experiencia, prueba y error constantes. La experiencia no se compra ni se estudia, nada ni nadie puede asegurarnos que a lo que dimos aliento hoy continuará mañana. Cuidar esa llama/chispa que nos mantiene vivos nos da la posibilidad de confiar en lo que venimos a decir, a expresar individualmente, y en el mejor de los casos de contagiar también ese incentivo a otrxs. La lealtad a unx mismx ante todo viene de esa energía primordial, la energía vital que logra hacernos nacer, salir del útero de nuestras madres y salir a conquistar, a iniciar nuestro camino y metas. Ser leal a unx no tiene nada que ver con el ego o la construcción sana/tóxica que hagamos de él después. Cuando empezamos un camino sonoro-musical muchas veces no sabemos porqué lo hacemos ni por dónde empezar. En cada instancia donde nos permitamos iniciar un camino sonoro sería clave preguntarnos: qué me gusta? ¿De qué manera/s disfruto? ¿Qué me moviliza a accionar? En cualquier caso sea tocando por primera vez algo o, iniciándome en sesiones en multipista , o bien ejercitando algo técnico desde la escucha, va a ser nuestro fuego interno el que moldee el modo en que ese gesto sonoro salga, al tocar, al manifestarse esa mezcla de ‘x’ colores y texturas, o bien nuestra intuición auditiva al detectar algo sonoro. Ese fuego interno que mantiene nuestra curiosidad y ganas de accionar realmente nos moviliza. Aceptar que podemos errar en el camino es lógico pero eso no debería detener nuestras ansias de conquista. No es conquista para competir y medirnos con lxs otrxs sino una conquista sana guerrera para afrontar los imprevistos (que pueden ocurrir) de la mejor forma, confiando en nuestra intuición. Pensando en el fuego sonoro se me venía la palabra intención. Cuando intencionamos algo moldeamos a ese algo sin darnos cuenta, sin haber una lógica detrás, es solo un gesto, una esencia que moldea un momento. Por ejemplo, si escuchamos una voz muy seductora y solo pensamos en técnica vocal, en notas, en el aire involucrado etc,etc, es probable que se nos olvide ese gesto/intención primaria que era generar una voz seductora. Ahí, cuando desde nuestra intención recurrimos a un archivo interno de ‘imagen de seducción’ y lo dejamos salir, como gesto-intención, seguro escuchemos eso que buscábamos (lo proyectamos desde nuestro fuego interno hacia fuera). Como cuando niñxs, no hay que olvidar esa curiosidad y germen innatos que tenemos de expresión, lx niñx no duda, se lanza a la vida.
Quizá adentrándonos en la memoria del agua podemos entender un poco más el porqué de las emociones cuando hablamos de sonido. Intuitivamente creo que la primera huella sonora que nos marca para siempre es oír la voz de nuestra madre tanto fuera como dentro del útero. Sabemos cómo afectan los ciclos de la luna tanto a las mareas como a nuestros propios cuerpos, más aún en mujeres y cuerpos gestantes con nuestros ciclos de sangre. Generalmente observo cierta desvalorización a todo lo relacionado con lo emocional, quizá porque vivimos en una época donde prepondera hace tiempo lo mental. Sin embargo, el agua como conductora de nuestras emociones más profundas, a mi modo de ver, son el manantial de toda creación. Probablemente la desconfianza en nuestro sentir sea por una alta necesidad de protección, por tener mucho miedo a sentirnos vulnerables. Si lográramos soltar nuestra sensibilidad descubriríamos que nuestra percepción se expande. Cuando hacemos consciente las emociones que nos generan (por ejemplo volver a nuestra casa, o primer patria) se desprenden memorias muy ricas que nos hacen aceptar, ver, agradecer el contexto en el que fuimos criadxs ya que sin eso no seríamos quienes somos hoy. Reivindicar el lugar de la memoria es reivindicar el agua, las emociones. Intentando no aferrarse tenazmente a lo que fui sino tomar esa data como parte de un largo camino que no podría haber sido posible sin gente/s que nos cuiden. Me quedo pensando en la palabra ‘afecto’, sinónimo de cariño muchas veces pero si la observamos de otro modo podría ser ‘dejarse afectar’ , dejarse impregnar de esa cualidad empática que todxs lxs seres humanxs tenemos. La primera vez que escuchamos una guitarra, una banda, una orquesta tocando en vivo ‘nos afecta’ de algún modo , sin importar si nos gusta o no lo que oímos, se generan sensaciones dentro. Esos archivos de sensaciones son donde recurre la memoria cuando después de un tiempo volvemos a escuchar, a tocar cierta música, oír el sonido del mar, del viento, escuchar una tormenta gestándose, todo eso repercute en nuestra psiquis a través de lo que sentimos al percibir eso. Yo particularmente soy fana de indagar en el archivo de emociones, hay un potencial ahí inherente a todxs, acceder ahí dentro invita a devenires sonoros muy vastos y ricos. Incluso si practicamos a modo de ejercicio evocar diferentes recuerdos (de nuestra infancia de nuestros primeros vínculos afectivos etc) y tocar con esas imágenes presentes, podemos sorprendernos descubriendo que un mismo tema/canción desde la lupa de los recuerdos (de diferentes calidades y tipos) hará que se generen versiones muy diferentes del mismo. Versiones algunas seguro más divertidas otras más dramáticas pero en todos los casos nos ayudan a verificar el valor intrínseco que tienen las emociones o recuerdos afectivos cuando se impregnan en ese material sonoro que estamos manifestando. El sonido es en contexto igual que nosotrxs, intentar modelar el sonido desde las emociones puede ser muy interesante para observarnos también en nuestras fronteras. ¿Dónde me siento segurx para ocupar espacio? ¿Dónde escucho y siento volver a casa? ¿Qué tipos de refugios emocionales tenemos como corazas sonoras? Abrirnos a sentir, naufragar tocando, en todo caso si fluye el llanto -seguro sea solo por un rato- después al volver a tocar esa canción/obra seguro algo se habrá liberado.
Hablar del ‘aire’ siendo el principal conductor de sonido por un lado me emociona profundamente y por otro sé que el conocimiento (que se propaga a través de las vibraciones en el aire y se traduce como información sonora en nuestros oídos) me excede por completo. Sería imposible e igualmente inútil intentar reducir el conocimiento entero posible sobre el sonido en estas pocas páginas que vengo y seguiré escribiendo. Sin embargo podríamos pensar en algunas palabras gatillo para ayudarnos a pensar por dónde empezar a pensar sobre sonido. Ante todo entender que el sonido es inherente a la tierra en el sentido físico y literal y además es abstracto: no fue posible fijarlo hasta que aparecieron los medios y técnicas de grabación para registrarlo. Algo que hoy damos por sentado, como si siempre hubiese sido posible. Es emocionante por ejemplo ver como antiguos compositores como Bártok cuando hizo su gran investigación de grabaciones de campo lo hizo con un gramófono enorme y se desplazó con él por varias extensiones de territorio desgrabando culturas típicas de Europa del Este. Investigación que sostuvo 30 años de su vida y que hace al amplio y rico estilo bartokiano, evidente a la escucha en cualquiera de sus composiciones. Esto último me lleva a hacer link con otra particularidad del sonido, las ideas sonoras. ¿Cómo hacía Beethoven estando ya sordo para poder componer? La abstracción de las ideas sonoras. Es evidente que en el caso de Beethoven además de ser un genio ya tenía paquetes de información sonora grabados dentro de sí que pudo utilizar a su favor a pesar de su sordera y así poder seguir escribiendo. Ahora bien, ¿no creen que es algo que en verdad todxs podemos hacer? Cuando pensamos por ejemplo en la melodía del ‘arroz con leche’ para entender el intervalo de 4ta justa pensamos en la canción y suena en nuestra cabeza, suena más allá de emitir cualquier sonido o buscarla en algún medio o que alguien nos la cante. Esa particularidad intangible del sonido y de las ideas van muy de la mano. Tener una idea es fácil; no importa donde hayas crecido ni el contexto sociocultural del que te hayas nutrido: ideas vas a tener siempre ahí esperando que las observes, igual que el sonido. Sí es verdad que después de recolectar ideas el estructurarlas, darles una forma ya pasa a ser otra tarea. Al mismo tiempo sostengo que nuestra mente es rizomática y por ende las conexiones y vínculos que se pueden desprender de una misma idea pueden ser infinitos. Hasta hace poco la única forma de aprender y estudiar sonido tenía dos vías posibles: tradición oral, como en las culturas orientales, o tradición escrita u occidental. Las personas que siguen creyendo en preponderar una de estas formas sobre la otra por creer ser superior el conocimiento niegan la inmensa sabiduría que conllevan ambas corrientes. A partir del uso y desarrollo de los medios tecnológicos de grabación por suerte estas brechas ya quedaron atrás ya que es una postura demasiado anticuada y conservadora. Es innegable el valor cultural que aportaron todas las formas culturales y estilos hasta el momento así como también evidente que nuestra percepción ya hace varias décadas cambió un montón. Quizá la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿para qué fijar sonidos? Más allá de sentirnos dejar una huella como si fuésemos aquel bicho prehistórico pintado con pinturas naturales y sangre en las cavernas. ¿Es necesaria tanta sobredosis de información sonora? (y ni estoy incluyendo la cualidad de contaminación ambiental sonora que tienen nuestras urbes). ¿Hacia dónde dirigirnos con tanto afán cuando creemos estar ‘cumpliendo nuestros sueños y anhelos’ al grabar un disco o una presentación de nuestros proyectos? ¿Es necesario tanto sonido? ¿Y el silencio?
Cuando decía anteriormente ‘estructurar las ideas’ me refería a este plano material de la tierra .En general si pensamos en materializar algo nos proponemos hábitos diarios como hacer ejercicios y técnicas para mejorar nuestro tocar o bien decidir fijar con la intención de grabar la idea (hacerla canción, material sonoro posible a ser manipulado posteriormente sea editando mezclando etc para diferentes fines y formatos). Pero anterior a ambas posibilidades (de pensar la tierra como hábito sonoro o proceso de fijación) está el inmenso universo de la escucha. Comúnmente diseñamos nuestras arquitecturas sonoras (repito sea para sonar analógica y/o digitalmente) de un modo en que nos aseguremos cierto éxito cierta conquista de aquello que visualizamos y sabemos requiere de tiempo y trabajo continuo, diario. Pero nos olvidamos, en general, del estadío previo. Max Neuhaus, Pauline Oliveros, Murray Schaefer y otrxs se dieron cuenta ya hace tiempo de la importancia de la escucha y desarrollaron un arte de la escucha. Me parece importante mencionarlos porque –más allá de los gustos y preferencias personales- siento que sin atender la escucha de una manera constante, seria y profunda por lo general nos ganan las ansias mentales sobre cómo debería ser algo para funcionar o las obsesiones y terquedades pulsionales que hayamos desarrollado por costumbre. La posibilidad de detenerse a escuchar nos invita a crear desde otros lugares, a abrir la percepción a lo que el contexto requiera, y no es filosofía banal. Un ejemplo práctico podría ser pensar en cómo hacer una buena toma de grabación al aire libre o en espacios abiertos. Si articulo esta intención solo desde el conocimiento de las técnicas de grabación midiendo los metros y distancias consideradas para hacer una buena toma (así como la calidad de los equipos que sean lo más profesional del mercado para lograr un audio competente etc, etc.) y nos olvidamos de en ese momento atender la escucha, es probable que no funcione del todo. Cuando atendemos la escucha obviando nuestras terquedades particulares, preferencias y gustos, nos conectamos con lo que en ese momento y espacio en concreto requiere. No sería lo mismo hacer una grabación de campo por ejemplo un día con mucho o poco viento, un día con niñxs jugando u otro silencioso o lloviendo. Lo mismo pasa al tocar o ejercitar una técnica, de nada sirve seguir la dieta del artista (sea cual sea que sigamos) si no somos capaces de adaptarnos a nuestro entorno. Estructurar y fijar ideas es muy bonito siempre y cuando sepamos que esa receta nos va a servir para un momento pero de seguro no para siempre. En el caso de fijar sonido en un soporte digital y/o físico debería ser entendido como una foto. Un disco/álbum como una foto de un momento, y no aferrarse tenazmente a eso. A menos de que no queramos ver otras fotos va.
Voy a citar un fragmento del I Ching para abrir este capítulo: “La real comunidad entre los hombres ha de llevarse a cabo sobre la base de una participación cósmica. No son los fines particulares del yo, sino las metas de la humanidad lo que produce una duradera comunidad entre los hombres [...] Así como los cuerpos luminosos del cielo sirven para la partición y estructuración del tiempo, también la sociedad humana y todas las cosas que realmente forman conjuntos, han de estar orgánicamente estructuradas.” Esta cita me sirve como pie para pensar en nuestras metas individuales, que por ser individuales no excluye el estar enmarcadas dentro de una comunidad ya que somos seres sociales. A lo que voy es pensar, ¿de qué modo nos proyectamos al mundo? Cuando te presentas, ¿cómo lo hacés? ¿Creés que la imagen que das es fiel a la que crees de vos internamente y/o a lo que en verdad sos?. Todo proceso de individuación conlleva cierto alejarse de los reflejos que creí ser dentro de mi hogar, conservatorio o primeras bandas o contactos donde crecí, es necesario y natural. El error quizá está en, luego del peregrinaje en donde vamos reconociéndonos y autoafirmando quienes somos, negar que somos parte de una comunidad (o varias). El gran desafío a mi modo de ver es reconocer que los reflejos que me dieron otros son parte de mí y poder iluminar nuestro propio camino con consciencia en cada paso de quien soy yo, en cada momento. Si nos aferramos ciegamente a una imagen propia de ‘verdad’ de lo que soy es posible que con el tiempo nos decepcionemos por descubrir que no es cierto. Esa que fui ya no soy y esa libertad es necesaria para poder seguir construyéndonos. Sino es como ver una película ya guionada por otrxs, por mi misma en el pasado, por mis amis de banda compañerxs de clase de trabajo, etc. Este punto que pareciera exceder completamente cualquier vínculo con el sonido y el arte, en realidad es clave y más en esta era de las redes y de la imagen (recomiendo fuertemente leer a Vilem Flusser para mas data). Llegamos a un estadío de la humanidad donde el romanticismo con el que sostenemos las ideas de quienes creemos ser asquea y aburre. O ¿por qué creés sino tener tantas inseguridades cuando quizá descubrís que te gustan otras músicas, otros estilos, otras fusiones que hasta el momento no te interesaban? Es todo por la marcada autoafirmación en las imágenes que prepondera en estos tiempos. Un álbum, una canción, una fecha en vivo antes no tenían tanta relevancia, hoy pareciera que todo tiene que seguir una estética, un estilo y una forma predeterminada para que funcione. Y funciona, a muchos les sirve pero es bastante lo contrario a la pregunta de ‘¿y ahora quién soy?’. Pregunta clave para hacerse toda la vida si no queremos morir de aburrimiento por ver moldes y moldes prefabricados, puro adorno sin emanar verdadera esencia fresca, fluida, orgánica, con más curiosidad y preguntas que certezas. No digo que no sea necesario autoafirmarse, al contrario, escribiendo esto ahora mismo estoy haciéndolo. La individuación, los límites, el alejarse y entender como persona única es indispensable. Sin confiar en los caminos donde nos podemos iluminar solxs, tampoco podemos hacer nada interesante y/o transformador para otrxs. Sí cuestiono la idea de amor propio, de imagen propia y de identidad/personalidad y cajitas varias con las que creemos autodefinirnos. Creo que es clave tener idea de ciertos valores y principios que respetamos o bien nuestros gustos, preferencias, etc. Pero aferrarse a eso que creemos ser puede en verdad ser una cárcel. Para poder compartir nuestro fuego sonoro sagrado (iluminarme e iluminar a otrxs con amor) creo que hay que cuestionarnos en qué nos afirmamos, por qué y para qué.
Una vez despiertxs, cuando logramos identificar las profundas emociones que nos ataban a permanecer en un lugar fijo y cuando logramos ir disipando los miedos del ego y nuestra autoimagen, se libera una carga que, al soltarla, parece que renacemos como el ave fénix. El capítulo siguiente es sobre El alquimista. Cada vez que nos topamos con una dificultad que excede nuestra capacidad de reacción hasta el momento en general nos aislamos y deprimimos un montón, como cuando nos separamos de alguien que amamos mucho o de una banda querida con la que tocamos por un tiempo o al terminar una carrera. Pareciera ahí que ya no hay más nada por hacer y que a no ser que nos transformemos, lo único que nos espera es la muerte. Y así es en verdad: cada vez que aceptamos que una parte de nosotros ya no existe o cumplió un ciclo es como vivir una pequeña muerte. Hace muchos años leí algunos libros de Castaneda y él decía ‘tener a la muerte como compañera’; esta afirmación a mi modo de ver significa tener presente que, de todos modos, hagamos lo que hagamos con nuestras vidas, vamos a morir. Por eso mismo tener presente a la muerte como compañera y/o amiga nos recuerda que nada es para siempre, ni nuestros proyectos ni bandas ni siquiera nuestro mismo cuerpo. Pasado ya cierto tiempo el cuerpo empieza a rendir menos y solo nos espera estar cada vez más putrefactos. Entonces me pregunto: ¿para qué tanto miedo a vivir? Si tenemos asegurada la muerte. Quizá es ella la que nos invita a hacer esos cambios y transformaciones profundas para regenerarnos como el ave fénix en cada ciclo y poder ser fiel a nosotrxs mismxs de una manera más genuina y transparente. En lo personal todas las crisis que tuve y me pusieron en contacto con esa sensación de morir, de que ya no sirve ningún intento y cuesta incluso movernos, me fueron invitaciones a cambiar desde una profundidad abismal para luego seguir con mi vida de otro modo. Casi un cambio de piel, como las serpientes. Estas transformaciones que nos hacen ver esos lugares incómodos donde nos sentimos vulnerados o incluso engañados, traicionados, etc, etc, son la fuente de riqueza de nuestros tesoros más profundos, esos que no se venden ni se compran. Recuperarnos de un momento así, además de hacernos crecer, nos ayuda a poder vislumbrar nuevos horizontes. Como un alquimista cada tanto tenemos que resetear, formatear todo lo que hasta el momento fuimos para poder renacer con magia y enfrentar nuevos caminos. Otro rasgo de la fidelidad a unx mismx: poder enfrentar/atravesar las noches oscuras del alma sabiendo que algún faro de luz nos espera y cuando sea el momento se nos iluminará y mostrará el camino para saber por dónde ir.
Anteriormente hablé del aire como principal conductor de sonido, de ideas y dejé algunas reflexiones hacia el final para ahora de algún modo continuarlas. Sabemos que sonido no es sólo música o arte sonoro; también a través del sonido hacemos algo común a todxs lxs seres humanxs: comunicarnos. ¿Con qué tipo de reflexión te comunicas? La palabra es sagrada: co-crea y da forma a la realidad. Durante estos 30 años de vida poco a poco fui entendiendo la importancia de la palabra, a través de clases que dí y tomé, con charlas con amigxs y con mi hermana. La comunicación es el primer intercambio que generamos de dar y recibir. Muchas veces creemos que es algo que se da naturalmente y que siempre es parejo. Pero cuando atendemos nuestras charlas de una manera más objetiva podemos ver que siempre son de diferentes calidades y tipos y que no siempre se habla desde los mismos códigos. Cuando digo “código sonoro” me refiero a paquetes de información (tipo inputs) que ya tenemos cargados: cada persona o vínculo se manifiesta con diferentes códigos, con símbolos, parámetros y modos que muchas veces distan del propio, pero eso no tiene porqué impedir una comunicación sincera y profunda. Me parece importante considerar la comunicación y la palabra porque cada vez que escribimos una letra de canción, un nombre de un tema o elegimos como llamarnos a nivel artista o banda estamos dando ya un paquete de información contenida en la/s palabra/s que excede incluso lo que hayamos intencionado decir con esa elección. Creo que es clave entender que lx otrx no soy yo y al revés, me parece interesante poder observarnos como espejos y ver qué hay de lx otrx en mí. Creo también que es importante reconocer que lx otrx no es un reflejo de mi persona, en todo caso me devuelve un reflejo como un mensaje. Lx otrx siempre será unx otrx con sus propios paquetes de datas para ofrecer y entender. Algo que me costó mucho negociar: el dejar de querer entender a lx otrx. Quizá no hay nada que entender, sí agradecer los mensajes que nos llegan a través de otrxs. Cuando tocamos, como al hablar, se genera una comunicación con lxs otrxs donde si somos justos en el dar y el recibir se genera un tejido increíblemente rico en colores y posibilidades de mundos sonoros. Creo que el problema está cuando nos surge el dictador que todxs llevamos dentro y creemos que hay una sola opción para que esa música, proyecto o idea sonora tenga relevancia, magia o duende. Es ahí donde al preponderar nuestra forma sobre lx otrx le terminamos anulando y toda comunicación equitativa se pierde. ‘No trates como no querés que te traten’, frase que quizá me sirve de excusa para ahondar un poco más en esto. El equilibrio en el dar y recibir, y cuando realmente surge la magia, cada parte ocupa el espacio justo que tiene que ocupar. No hay necesidad de pisotear a lx otrx creyendo que nuestras palabras no dañan cuando a la vista de las intenciones (y si contás con un ojo de águila) es visible que no es lo que se dice. Otro problema de la comunicación: lo que se dice vs lo que no se dice. Nos ahorraríamos tantos problemas si pudiésemos ser conscientes en nuestra transparencia al comunicar. ¿O por qué piensan que hay tantas guerras? Espero que en el futuro se pueda adiestrar la diplomacia a favor del bien común y dejar de ser una máscara para hablar con adornos, sin ninguna sustancia dentro. En arte la estética puede ser una gran aliada si se hace consciente el tremendo valor intrínseco que tienen las palabras y símbolos. Cierro con preguntas para no perder la costumbre y porque me gusta hacerlo: ¿Qué querés comunicar? ¿Para qué? ¿Escuchás a lx otrx? ¿Te escuchás?
Si nuestra capacidad de escucha al contexto de algún modo define lo que hacemos, lo que entregamos al mundo, entonces es un buen momento para pensar en los detalles. Trabajar de manera minuciosa a veces cansa por la enorme exigencia que conlleva pero a la larga la magia está en los detalles y eso se valora y disfruta. Compositores como Ravel que su obra entera no dura más de lo que dura un día (24hs) puede servirnos como ejemplo de este arte minucioso. Cuando observamos las orquestaciones de Maurice podemos ver que a cada minuto de obra pareciera que hubiese hecho zoom al tiempo y trabajado con una lupa microscópica. Su estilo impresionista da cuenta de la versatilidad de colores y texturas a donde nos puede transportar a cada segundo. A diferencia de otros compositores él era un obsesivo del trabajo y revisaba constantemente sus obras. El manejo del timbre ligado a lo armónico y formal de cada momento hace que se exalten las partes estructurales de cada gran y pequeña parte de su obra. Quizá sea algo tedioso pasar horas y horas maquetando y revisando cada paso que damos al componer pero después eso se refleja en los resultados. Lo mismo pasa cuando estamos mezclando en multipista una obra o canción. La cantidad no hace a la calidad del audio. Muchas veces al trabajar en una sesión hacemos más sacando plug ins que agregando. Lo mismo en cada layer textural, si tengo tres guitarras/tres baterías símiles quizá es una oportunidad para buscar de qué manera resaltar los momentos de una canción. Si de repente (algo muy simple) equalizamos esas tres tomas en diferentes rangos de frecuencia quizá podemos hacer que para determinada parte de la canción (como puede ser un clímax) destaquemos ese momento a través de introducir una capa de esa textura que dé peso (frecuencias graves) o cierta liviandad y frescura (frecuencias agudas). Lo mismo pasa con los silencios y la división de las macro estructuras de una canción. Por ejemplo, cómo hacer para diferenciar el carácter de la segunda estrofa con respecto a la primera o si hay algún corte/silencio, clave antes de introducir un nuevo momento sonoro. Buscar el sonido propio al componer es un desafío que nos llevará toda la vida. Es mejor armarse de paciencia y organizar los momentos de trabajo (y reposo) antes que lanzarnos sin dar tiempo a la mezcla o partitura. Muchas veces pasa que nos frustramos porque en el afán de querer materializar algo no llegamos a obtener ese sonido que buscamos. En ese caso recomiendo dejar reposar la obra e intentar en ese tiempo no escucharla y seguir en el mientras nutriéndose de otros saberes. Es probable que una vez que maduren determinados parámetros de nuestra personalidad sonora después al retomar todo sea más claro con respecto a cómo seguir. ¡Que no cunda el pánico! Trabajar diariamente en lo que amamos es el mejor regalo que la vida nos puede ofrecer. Tiempo al tiempo y todo irá bien. Paciencia.
Y llegamos al último fuego. En esta instancia buscamos expandirnos a nuevos horizontes. El viaje que emprendemos desde aquí no sabemos a dónde nos lleva. El capítulo de El caminante. Cuando decidimos viajar en general tenemos una cierta idea de lo que estamos buscando en ese camino pero el destino siempre tiende a sorprendernos con aprendizajes y experiencias que desconocíamos. En general la gente nómade o muy viajera siente mucha pasión e inspiración al sentir ya el primer paso de encaminarse a la ruta. Lo mismo pasa cuando decidimos tocar en diferentes lugares sin saber con que tipo de culturas y gentes nos vamos a encontrar. Y no hace falta que viajes al extranjero: si logras salir de tu zona de confort y tocar en diferentes pueblitos alejados de la urbe o las grandes ciudades también pasa. Unx se enriquece mucho el espíritu tocando en lugares desconocidos: aprendemos de personas ajenas a nuestro día a día e incluso nos obliga a adaptarnos a los espacios acústicos de cada lugar. Expandir horizontes ante todo nos llena de inspiración y optimismo, descubrimos, aprendemos y nos entregamos a la experiencia. Es en los viajes donde se evidencia lo relativo de nuestras verdades internas. En lo personal, cada vez que tuve la oportunidad de viajar el mismo movimiento ya era un gran maestro. No es lo mismo grabarse tocando al lado de un río, en la montaña, en la ciudad o en el mar. Ahí donde nos vemos sólo con nuestra guitarra y mochila de viaje entendemos también que todo puede ser más liviano o al menos diferente de lo que creíamos que la vida tenía que ser y ofrecernos. También podemos viajar en un espacio chico. Mi querida Rhea (profesora de Butoh) llama a la danza ‘danza de las transformaciones’ o ‘viajes’. Y en verdad se puede viajar sin salir del espacio de danza o la habitación. Viajar en términos de abrir la porosidad del cuerpo y escuchar los devenires que acontecen en él sin intervenirlos: sólo escuchar el viaje y dejar que la carne, el tono muscular, la visión nos transformen. No quisiera ahondar en el butoh para no irme de tema pero si hay algo que aprendí, en el poco tiempo que llevo haciendo, es a escuchar las diferentes temporalidades que requieren ciertas sensaciones para poder manifestarse y así hacerse visibles. El viajar literalmente nos invita a investigarnos humanamente de una manera profunda. Lo mismo pasa cuando vamos profundizando una técnica al tocar o al mezclar o componer. El viaje ya dista de llegar a la meta y es el proceso en cambio lo que hace tan rico y vasto el aprendizaje.
Cuando entendemos la impermanencia de las cosas y la interdependencia de todos los factores, hechos y personas que hacen a quienes somos hoy, algo dentro se tranquiliza. Cuando nos tratamos con compasión y aceptamos que al final del camino vuelven nuestras aguas al mar infinito y nos fundimos de nuevo con el todo, se aliviana algo en nuestras vidas. A veces las palabras no alcanzan para describir lo intensamente emocional que somos; quizá por eso exista la música. Gracias a ella pude encontrarme con personas, músicxs, maestrxs e intérpretes que cambiaron mi vida. Ahí donde no hay necesidad de palabras y nos permitimos solo sentir, por momentos nos olvidamos de quienes somos y mientras haya sonido lo demás no importa. El sonido habilita a tantas preguntas y sensaciones que por momentos toda explicación parece en vano. Tengo cierta sospecha de creer empezar a entender esos tejidos del tiempo que me llevaron a ser quien soy hoy. El tiempo y la consciencia que se desprende de poder escuchar tanta música con intenciones tan diferentes según la época, el estilo, lx compositorx, etc, me dieron la pauta de que nuestro material como artistas sonoros en verdad es el tiempo. El tiempo lo podemos dilatar, estirar, apurar, frenar, ser constante o imprevisto y eso es a lo que nos dedicamos las personas que trabajamos con sonido: materializar dimensiones de tiempo. En lo personal me acerqué a este camino por la magia inherente que contiene dentro. Siempre me quede hipnotizada, totalmente entregada, cuando escuché músicas y/o pensadorxs que me hicieron viajar extrasensorialmente o extradimensionalmente con sus obras. Creo que reconocer el valor de la percepción del tiempo y sus infinitas vetas sinestésicas nos puede ayudar no solo a reconocernos como tan solo pequeñas partículas de la tierra dentro de un enorme universo, sino también a abrir nuevos tejidos neuronales donde empatizar más con otrxs humanxs y seres de nuestro entorno para profundizar en la experiencia misma que es vivir. Dándole igual valor a nuestras emociones, deseos, pensamientos y hechos que logremos en nuestra corta experiencia acá en la tierra.
Quizá las angustias existenciales son reflejo de conectar con el pensamiento de esas grandes mentes que nos inspiran y enseñan a entender que no todo está en nuestras manos, y al ver gente con visiones tan sabias nos angustiamos por no estar a la altura de la situación. El capítulo siguiente habla de El innovador. Una vez que reconocemos humildemente nuestra ignorancia (sea el no saber cómo comunicarnos, cómo escuchar, o bien el admitir que por más título que tengamos siempre va a haber áreas que no manejamos) nos invita a crear algo diferente reuniendo todos los conocimientos adquiridos hasta el momento. Cuando tenemos una idea y no sabemos cómo organizarla ni por donde empezar a escribir, si lo permitimos, cada tanto aparecen relámpagos de data. Es en esos momentos de mucha inspiración, donde pareciera que casi fuéramos antenas humanas, donde hay que aprovechar a ser canal y dejar bajar, fluir en esa información. Si confiamos en las redes rizomáticas que se nos habilitan, de pronto estamos inmersos en nuevos tejidos de conexiones atemporales donde por momentos podemos sentirnos algo locxs por estar conectando datas aparentemente inconexas pero en donde si confiamos en nuestra intuición quizá estemos olfateando el paradero de un nuevo hallazgo o algo que hasta ese entonces no vimos. Pensemos en personajes como Edison, Pierre Schaeffer, Stockhausen, Schöenberg. En su época lo que proponían era totalmente desconcertante y ahora es motivo de estudio en las universidades. Ejemplos como el sampling: quién iba a pensar- en los años 50’/60’ – que hoy en 2022 el ‘samplear’ algo iba a ser tomado con igual valor sonoro que una orquesta de cuerdas o el hit de una cantante. ¿Cómo esa ocurrencia de grabar una persona cortando una cebolla, o el ruido de una máquina podía ser material sonoro para una canción que suena en la radio o una composición mega formal académica? En este tiempo donde la innovación e ideas sobreabundan es de vital importancia confiar en el valor que tiene el pensamiento. Así como los programadores setean cualquier tipo de programa a gusto diseñando formatos internos y externos según el fin que se propusieron, lo mismo tenemos que hacer nosotrxs con nuestras mentes y dejarnos proyectar con fé en nuestras nuevas visiones. Las arquitecturas y redes sonoras que aparezcan podrían llegar a hacer aún más entretejidas y versátiles nuestras redes humanas.
La última tierra alude a la firmeza, fortaleza interior. La imagen de El sabio o el eremita nos va a servir para este capítulo. Desde chica siempre tuve el anhelo de al crecer convertirme en una anciana sabia (esperemos llegar a algo parecido a eso). Siempre me inspiraron las personas adultas mayores que, a pesar de todos los obstáculos y piedras que se encontraron en su camino, al ver en retrospectiva siempre habían tenido una especie de faro o luz que los acompañaba a seguir a pesar de las dificultades. Confío en que esa antorcha se pasa simbólicamente de mano en mano a quienes tienen una modestia y sabiduría que reflejan a través de sus actos. Las personas más sabias en general se ocultan, se retiran del mundo para profundizar en la enorme tarea de mantenerse firmes, inalterables a pesar de las angustias del tiempo, de las muertes de seres queridxs, de las enfermedades y otras cosas de humanxs. Particularmente tuve la suerte de cruzarme con un par de estos personajes tan enigmáticos. Uno de ellos fue mi primer profesor de composición, Eduardo Wilde. Nadie en el conservatorio puede negar la infinita entrega y humildad que tenía ese hombre con respecto a sus saberes. Cuando yo lo conocí fue porque me habían contado unos compañeros que había un viejito compositor que no lograba sacar adelante el trámite de su jubilación y entonces, para no tener que ocupar cargos o ser titular de alguna cátedra, trabajaba en un sucucho que le ofrecía el conservatorio de Banfield dando clases de apoyo. Ese amante de Borges trabajaba en un sucucho donde anteriormente usaban como depósito para escobas, muebles viejos y artículos de limpieza. No había buena ventilación ni estufa, por lo que después él se trajo calefacción de su casa y un velador. El espacio medía de ancho un metro y medio, como mucho dos, y de largo un par más: literal un depósito. ¡Qué delicia las clases con Wilde! Cuando me acerqué a preguntarle si podía enseñarme composición, lo que él considerara (yo estaría más que agradecida) y bueno, ¡aceptó! Lo que aprendí con ese señor no tiene nombre. Le llevaba cualquier cosa que se me ocurría y él me aceptaba todo. Incluso una vez escribí para un orgánico libre y me cargaba con que se iba a complicar conseguir algunos instrumentos (como un gong), y no es que aceptaba todo sin ser crítico. Él era muy crítico, como cualquier buenx compositorx, pero tenía la magia de ver la riqueza creativa ahí donde otrxs no la veían (cosa que descubrí con el tiempo). Bueno, en resumen, la historia sigue en que estudié uno o dos años con él mientras empezaba el profesorado y licenciatura en composición. Me tenía tanta paciencia, y fue la primera persona en hablarme de psicología de la música, de los gestos sonoros, de observar el detalle, y ante todo de confiar en mí y en mi potencial. No solo sus clases eran bellísimas sino que también me alentó a hacer mi primer concierto de obras escritas por mí, así como a moverme por otros espacios fuera del conservatorio (presentando en la Scala de San Telmo, Fundación Beethoven, etc.). Saliendo de mi historia personal, espero que todxs podamos ser o encontrarnos a gente como Wilde y no olvidar que la magia está en el proceso de autoconstruirse, en cada paso que damos, sin importar cuán conocidxs o reconocidxs seamos para el mundo. Dormir con la conciencia tranquila de que todo lo que está a mi alcance lo dí y esperar despertar al otro día para errar un poco más.

Comentarios

Entradas populares